El
Baúl de Solís.-Como si fuera una predicadora religiosa Elba Esther
Gordillo toma el micrófono y habla frente a un grupo de
maestros que la vitorea. “Ustedes son poderosos, pueden cambiar las
mentalidades, las actitudes, los hábitos”, les dice vigorosamente. Vestida
completamente de blanco, gafas oscuras y un libro en la mano, La Maestra sigue
su discurso mientras se pasea de un lado a otro del escenario. Es 1 de mayo de
2019: han pasado ya más de seis años desde que la ex líder del Sindicato
Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) cayó en desgracia al ser
acusada del desvío de recursos del gremio, lavado de dinero y crimen
organizado. Tras cinco años y cinco meses en prisión, la absolución y la devolución
de sus millonarios bienes, Gordillo (Comitán, 1945) anuncia su
regreso y lanza una advertencia: “Soy alguien que se pone a disposición para
ser útil y sacar de nuestra casa a los que ayer nos pusieron de rodillas”.
La Maestra no oculta sus
ambiciones: volver a ser la líder del sindicato más grande de América Latina, con 1,6 millones de agremiados, y tener la influencia política de antaño
donde ni el presidente en turno se atrevía a decirle que no. Pero la escena en
México ha cambiado significativamente desde 2013, el año en el que ingresó a la
cárcel. Los partidos políticos que la auparon, el PRI y el PAN, sufrieron una
drástica caída tras las elecciones de 2018 en las que Andrés Manuel
López Obrador, el primer presidente de izquierda de México, resultó
electo. El político ha dejado claro que los antiguos mecanismos de imposición
de líderes sindicales desde el Estado están fuera de discusión y que si alguien
desea dirigir un sindicato en México debe ganárselo con el voto directo.
“¿Cómo van a hacer una
elección en el sindicato más grande de México, que tiene más instalaciones que
casillas del Instituto Nacional Electoral?”, se pregunta Arturo Cano, autor de Doña
Perpetua (Penguin Random House, 2008). El SNTE se convirtió desde la
década de los años 90 en un importante contrapeso electoral al que buena parte
de los políticos tuvo que recurrir. Un círculo en el que Gordillo tenía
prácticamente un cargo vitalicio y en el que todos los liderazgos del sindicato
estaban construidos por ella. “Para líderes como Elba Esther funciona la
imposición por encima. Es un personaje frágil en una campaña abierta”, apunta
Cano. Pero La Maestra ha reconocido que está dispuesta a someterse al
escrutinio, incluso cuando éste podría poner en cuestión el origen de su
riqueza. “Sí a la democracia, pero sí también a que se entienda la democracia
desde la perspectiva del interés de los trabajadores de la educación”, dijo
Gordillo en su discurso del Día del Trabajo
Tras el cierre del caso
judicial, la Fiscalía devolvió a La Maestra siete cuentas bancarias, tres
inmuebles, tres automóviles y varias obras de arte; además, es conocida su
afición por la compra de ropa de marcas de alta gama y sus viajes en aviones
privados. La caja del sindicato de maestros es una máquina perfectamente
aceitada que cada mes retiene alrededor del 1% de la nómina de los docentes.
Además del poder, está el dinero. “[Gordillo] entiende al sindicato como una
estructura corporativa, política y empresarial”, señala Cano. Su liderazgo, sin
embargo, es poco cuestionado al interior del gremio. “En el sindicato, la
maestra Elba Esther les funciona de una forma muy práctica en cuanto a que ha
mejorado sus salarios y los programas de estímulos pero no están preocupados
por la grilla sindical. A los maestros realmente no les importa el origen de su
riqueza”, explica la periodista Sonia del Valle, que ha cubierto los pasos de
Gordillo en los últimos 15 años.

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