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Fue de carácter fuerte y estruendoso, y siempre peleaba con alguien. Ser así
era parte de su naturaleza. Le gustaba decir lo que pensaba y ‘no tenía pelos
en la lengua’. Muchos le temían por esto; muchos la admiraron por lo mismo
El
Baúl de Solís.-Elena Garro fue una mujer de su tiempo. Nada de
que se adelantó a su circunstancia y mucho menos es de las que se quedaron ‘con
la falda hasta el huesito’. Era de armas tomar en su vida. Como eran las
mujeres de los cuarenta y cincuenta; como era Frida, como era Lola Olmedo, o
"Lupe Marín"… tantas. Eran los tiempos del levantamiento femenino, en
la cultura como en lo cotidiano.
Fue de carácter fuerte y
estruendoso, y siempre peleaba con alguien. Ser así era parte de su naturaleza.
Le gustaba decir lo que pensaba y ‘no tenía pelos en la lengua’. Muchos le
temían por esto; muchos la admiraron por lo mismo.
… Despreciaba a los
intelectuales, pero ella era una de ellos; también la política, pero muchos de
sus amigos eran políticos; repudiaba al PRI al que acusaba de ser una empresa
mercantil, pero quería que Carlos Madrazo solucionara la vida nacional desde el
PRI… Todo junto.
Estuvo casada con Octavio Paz
desde el 24 de mayo de 1937; tuvieron una hija: Helena, la única. Ambas, las
dos Elenas, terminaron siendo enemigas del Premio Nobel de Literatura 1990.
Elena repudiaba todo lo que fuera Octavio Paz, y no sólo a él o su obra, como a
sus amigos y su vida: siempre lo acusó de su desdicha como escritora y como
mujer. Él la temía. Se divorciaron en 1959.
Era natural que terminaran
fulminándose uno al otro. Ella siempre libre para hacer lo que quería, y fue lo
que quería desde el principio de su vida, ya bailarina, actriz, periodista,
escritora, poeta, intelectual, viajera incontenible y revolucionaria en favor
de los campesinos e indígenas con los que creció y a quienes defendió en la
vida y en su obra, aun con sus contradicciones y sus paranoias.
Nació en Puebla el 11 de
diciembre de 1916. Fue hija de un español-asturiano que se llamó José Antonio
Garro Melendreras y de Esperanza Navarro, originaria de Chihuahua.
Sus primeros años los vivió en
el DF: “En la ciudad de México vivían las hermanas de mi madre, a las que
siempre respeté. No eran como mi tío Boni, con el que jugaba mientras él me
leía a Manrique, a San Juan de la Cruz y a fray Luis de León. Mi tío se reía de
mis desmanes, le parecía natural que tirara piedras, prendiera fuego y me
escapara al monte”. (Entrevista con Emmanuel Carballo)
En 1926 se trasladaron a
Iguala, Guerrero; sus hermanos Deva, Estrella y José Albano; ella muy pequeña
aun escuchó que había comenzado la Guerra Cristera, poco sabía de esto, pero en
su inconsciente infantil aquello quedó guardado en su memoria y en su obra
fundamental, porque ella insistió siempre que la literatura se nutre de la
vida-vivida, “lo demás es academia”reprochaba.
Ya en el DF vive como
estudiante de Filosofía y Letras en la UNAM y también como actriz en obras
clásicas, como bailarina, como coreógrafa y escribe. Era la forma de ser ella
misma.
Ya precedida por su obra
literaria, publicaba en la Revista Sucesos como en la Revista de
América. También en Siempre! Le gustaba disertar sobre hechos que
tenían que ver con los movimientos campesinos, agrarios, sociales, indígenas.
Su pasado puesto a disposición de su presente. No era buena periodista. Sí una
gran escritora que intentaba en el periodismo.
Con Octavio Paz tenía que
viajar mucho: París, Japón, Berna, Suiza… Eso a ella le gustaba pero le
disgustaba. Le gustaba porque conocía otros lugares, modos de vida, y conocía
gente puesta en el barco de la intelectualidad: Benjamín Péret, André Breton,
Jean Genet, José Blanco, Silvia Ocampo y, sobre todo, a Adolfo Bioy Casares, de
quien se enamoró y con quien tuvo una relación profunda.
En 1937, en plena Guerra Civil
española, viaja con Paz a Valencia al Congreso Internacional de Escritores
Antifascistas para la Defensa de la Cultura. En 1992 escribió: “Yo sin saber
cómo ni por qué, iba a un Congreso de intelectuales antifascista, aunque yo no
era anti nada, ni intelectual tampoco, sólo era una estudiante y coreógrafa
universitaria”. Con todo, ahí conoció a César Vallejo, Pablo Neruda, León
Felipe, Miguel Hernández y más.
En 1952 se enferma en Tokio.
Paz pide irse a Berna, para atenderla. Se dice que ahí escribe “Los recuerdos
del porvenir”, pero ella dice que fue en París. Berna o París, no importa, lo
que sí importa es que escribió una de las obras cumbres de la literatura
mexicana y mundial.
Lo dice así: “Está hecha con
lo que me acuerdo de mi infancia, son los recuerdos de un pueblo donde viví
(Iguala=Ixtlán). La escribí muy rápido. Luego se quedó guardada en un cajón. A
Octavio le gustaba mucho, pero a mí siempre se me perdía.”
La obra es mayúscula. Ixtlán,
el pueblo, relata la historia de lo que ha pasado ahí, cómo pasó, y por qué
tanta soledad a fin de cuentas. Los recursos poéticos de la obra y los
narrativos hacen que haya una alteración entre el tiempo narrativo y el tiempo
histórico.
Todo con un lenguaje poético.
Eran los rescoldos de la Revolución mexicana y el inicio del movimiento
Cristero (1926-1929). Muertes por fe hubo muchos. Muertes por el Estado
también. Pleito inútil. Fracaso de la Revolución. Fracaso del pleito
iglesia-Estado. El abandono. La tragedia. El silencio que se escucha en cada
muro, en cada tabique, en cada resquicio, en cada alero… Es la voz de los
recuerdos, sin porvenir. Se publicó en 1963.
Por entonces Elena estaba en
plena producción literaria. Publica mucho: “El árbol”, “La dama boba”. “La
semana de colores”. “El día que fuimos perros”. “Nuestras vidas son los ríos”-
“La palabra del hombre” y otra obra maestra: “La culpa fue de los tlaxcaltecas”
y ya en 1967 “Felipe Ángeles” pieza dramática que resume su obra teatral.
Pero al mismo tiempo que su
prestigio como escritora, autora teatral, poeta, periodista (lo menos) era
reconocido, también su participación en la política estaba a la vista.
En 1968 se metió en un gran
problema. Estaba convencida que los muchachos del 68 estaban siendo manipulados
por los intelectuales de la época, hacia la muerte. Y criticó esta actitud. Y
supuso que quien podría solucionar el conflicto sería Carlos Madrazo, de quien
fue ferviente admiradora.
El 5 de octubre de 1968, un
presunto infidente del movimiento estudiantil, Sócrates Amado Campus Lemos,
dijo que ella manifestó que el movimiento tomaba cauces populares y era
necesario tener un líder de prestigio nacional como el Lic. Carlos Madrazo.
Luego ella dijo que no fue
así. Y para aclarar la situación convoca a una rueda de prensa en donde dio
nombres de intelectuales presuntamente involucrados en atizar el movimiento
estudiantil. Luego acusó a los periodistas de poner lo que quisieron.
Los periódicos del 7 de
octubre publicaron que Garro delató a Luis Villoro, José Luis Castañeda, Jesús
Silva Herzog, Ricardo Guerra, Rosario Castellanos, Roberto Páramo, Víctor
Flores Olea, Francisco López Cámara, Leopoldo Zea, Roberto Escudero, Eduardo
Lizalde, Jaime Shelley, Sergio Mondragón, José Luis Cuevas, Leonora Carrington
y Carlos Monsiváis: casualmente amigos de Octavio Paz.
La escritora se metió en un
berenjenal. Se echó a la intelectualidad mexicana encima. Y nada pudo hacer. El
desprestigio la siguió hasta el exilio, que comenzó en 1972 cuando tuvo que
viajar a Nueva York para atender a Helena, que padecía cáncer. Intentó quedarse
en Estados Unidos pero le niegan el asilo político porque hubo una presunta
denuncia de la escritora del asesino del presidente Kennedy en México. Así que
viajan a Madrid y finalmente se refugian en París.
En adelante un viacrucis. Dice
que vive en la precariedad. Que apenas pueden sobrevivir. De todos modos la
obra sigue: “Andamos huyendo, Lola”. “La primera vez que me vi”. “La dama y la
turquesa” y “Testimonios de Mariana”. Muchas más de excelencia. Pero
también la decadencia…
En 1991 regresa a México.
Todavía con miedos históricos. Pero es bien recibida. Es aplaudida. Muchos
estudiantes hacen tesis sobre su obra. Se discute. Se analiza. Se felicita. Es
otro momento. Pero también ella es otra… Cree que todo mundo la persigue y que
todo mundo podría agredirla. No fue así, pero ella estaba en eso.
Intolerante. Gruñona. Siempre
molesta con algo. Ella y su hija se refugian en Cuernavaca, en la casa de su
hermana Deva ya muerta. Se siente abandonada y triste. Su hija igual. Las dos
Elenas, siempre las mismas.
Pero se da el caso de que
Elena Garro, con todas sus contradicciones y paranoias; con todo y su mal
carácter y sus odios profundoso sus arranques de ‘diva’ literaria, sí fue una
grande-enorme-inmensa escritora, que aportó a las letras mexicanas obras para
enorme orgullo mexicano…
Murió a los 81 años de edad.
El 23 de agosto de 1998, en Cuernavaca. Sus gatos quedaron solos.
“Aquí estaré con mi amor a
solas como recuerdo del porvenir por los siglos de los siglos.”…



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