El
Baúl de Solís.-Para las tres de la tarde, he atendido
pacientes durante algunas horas y siento que mi concentración se desvanece.
Necesito mantenerme alerta para los pacientes que faltan, así que voy por un
refrigerio y un poco de café.
Este se ha convertido en mi
ritual vespertino durante los veinte años que llevo como médico de atención
primaria. Ahora, un estudio nuevo confirma que mi temido “adormilamiento de las
tres de la tarde” es real y que podría afectar la salud de los pacientes.
De acuerdo con el estudio, publicado en JAMA Network Open, los médicos solicitaron
menos análisis para detectar cáncer de mama y de colón en los pacientes durante
las últimas horas del día, en comparación con las primeras horas de la mañana.
Todos los pacientes fueron programados para análisis, pero los índices de
solicitudes fueron más altos en los pacientes que tenían su cita
aproximadamente a las ocho de la mañana. Hacia el final de la tarde, los
índices se redujeron entre un 10 y un 15 por ciento. ¿Las causas probables? El
retraso y la fatiga por la toma de decisiones.
En el cuidado de salud
primario, los médicos se retrasan porque la carga de trabajo es intensa. Para
cumplir con todo lo que debemos hacer con la cantidad de pacientes habitual,
los médicos de atención primaria deben pasar entre once y dieciocho horas
diarias para atender cuestiones preventivas y crónicas,
además de atender problemas nuevos.
Por cada hora que pasamos con
los pacientes, dedicamos entre una y dos horas a actualizar el historial médico
en nuestros registros electrónicos. Por tratar de incluir todo lo posible,
terminamos sintiéndonos como el conejo blanco de Lewis Carroll: en
un atraso constante, mirando el reloj, agobiados, apresurándonos para
pasar de un paciente a otro.
La fatiga por la toma de
decisiones (otra explicación para los descubrimientos del nuevo estudio) es la
erosión progresiva del autocontrol a medida que tomamos cada vez más
decisiones.
La descripción más famosa de
la fatiga por decisiones es de un estudio sobre
jueces israelíes que debían decidir si otorgaban la libertad
condicional o no. Había mayores probabilidades de que a un prisionero se le
concediera libertad condicional en las primeras horas de la mañana o justo
después del descanso; la probabilidad de obtener la libertad condicional bajaba
a medida que se extendían las sesiones del tribunal. Las probabilidades de
obtener la libertad condicional justo antes del descanso o del almuerzo fueron
prácticamente nulas.
La fatiga por decidir es la
razón por la que las concesionarias de autos te ofrecen opciones caras e
innecesarias al final de haberte mostrado toda una serie de
elecciones y es por ella también que los supermercados tienen todos esos dulces
justo en la zona de cajas.
Tu médico no es inmune. En un estudio de 2014, mis colegas investigadores y yo
descubrimos que los médicos recetan menos antibióticos innecesarios para
infecciones respiratorias durante las primeras horas de la mañana, pero que las
recetas innecesarias aumentaban gradualmente durante el día. Descubrimos que el
mismo médico, atendiendo al mismo paciente, tenía un 26 por ciento más
probabilidades de recetar antibióticos a las cuatro de la tarde en comparación
con las ocho de la mañana.
A medida que los médicos se
sentían más fatigados, se limitaban a hacer lo más sencillo: recetar
antibióticos en lugar de tomarse el tiempo de explicarles a los pacientes por
qué no son necesarios. Es posible que a medida que avanzaba el día, el temor de
los médicos a tener pacientes decepcionados, insatisfechos, enojados o
beligerantes creciera cada vez más. La voluntad de confrontar esos temores
probablemente menguaba y más pacientes se marchaban de la clínica con
antibióticos innecesarios en mano.
Este mismo patrón de médicos
que recurren a la decisión más sencilla al final del día se ha presentado en
los casos de una menor tasa de vacunación contra la influenza, de mayor
prescripción de opioides para el dolor de espalda y en la disminución
del lavado de manos por parte de los médicos.
A los doctores nos gusta
considerarnos (y quizá también a la gente) personas que toman decisiones
racionales, pero los tratamientos cambian dependiendo del momento del día.
¿Qué se puede hacer? La mitad
de la batalla está ganada si sabemos que el problema existe, intentamos
preparar un plan para subsanar el error y tomamos un descanso rápido. No
obstante, establecer horarios de descanso obligatorio no reduce la cantidad de
trabajo pendiente. En efecto, mejorar la eficiencia de los registros electrónicos del historial de salud actuales
podría ayudar a que las cosas avancen con más fluidez en el consultorio.
La mayoría de las pruebas de
detección de cáncer y los servicios preventivos podría hacerlos el personal de
apoyo sin necesidad de consultas cara a cara. Esto les permitiría a los médicos
concentrarse en la atención necesaria en el momento. Sin embargo, eso requiere
de grandes cambios en la mayoría de los datos para seguros médicos, que en gran
medida solamente reembolsan las consultas en persona.
Es probable que los médicos no
sean los únicos con dificultades al final del día. En el estudio nuevo, en un
comparativo hecho un año después los índices de análisis que se hacían
pacientes que tenían citas por la tarde seguían siendo menores. La fatiga del
final del día tal vez haya provocado que hasta los pacientes fueran menos
propensos a hacer los arreglos necesarios para practicarse los análisis de
detección de cáncer después de acudir a la consulta.
Si los médicos recibiéramos un
salario basado en la calidad de la atención que brindamos en lugar de las
consultas, las clínicas y los sistemas de salud podrían asegurarse de que, al
final del día, los pacientes y los médicos tengan recordatorios más efectivos
de sus citas de seguimiento, más personal de apoyo e incluso consultas más
largas.
Entonces, ¿qué puedes hacer
cuando te das cuenta de que tienes una cita a las cuatro de la tarde para una
revisión? Porque es cierto que no todo el mundo puede acudir a una cita por la
mañana. Pues prepárate: investiga qué tipo de análisis podrías necesitar en la
consulta y colabora con tu médico para determinar cuál es el adecuado para ti.
Una vez que te indiquen los análisis o las pruebas de seguimiento que debes
hacerte, prográmalos de inmediato.
Por último, considera tomarte
una taza de café antes de tu visita.

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